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Las UCI, una desescalada vital

Mucho se ha hablado últimamente de UCI, respiradores, reanimación, cuidados críticos, mascarillas, pacientes críticos, intubación, insuficiencia respiratoria, coma inducido, pacientes en prono… fallecidos, fallecidos, fallecidos… esa es la realidad, la cruda realidad la adornemos como la adornemos. Aproximadamente el 50% de los pacientes que entran en una UCI no sobreviven. Empecemos por lo importante, empecemos atacando donde más duele, a nuestras conciencias. Todos estos conceptos (antes reservados para personal sanitario muy específico), han llegado para quedarse, después de tanto escucharlo se ha convertido casi en una terminología coloquial. Las palabras que se repiten en bucle acaban perdiendo parte de su significado, se acaban banalizando. Pero la realidad es otra, estos términos ahora cotidianos son términos excepcionales, términos que se utilizan sólo en situaciones de riesgo vital, se usan en la agónica batalla de los médicos con la muerte. Algo malo está pasando cuando los pacientes críticos se convierten en tus nuevos pacientes habituales, cuando lo excepcional se convierte en lo habitual.

Para entender a grandes rasgos lo que está pasando sería mejor explicar qué son las UCI y por qué deberíamos estar preocupados. Para poder entender qué es una Unidad de Cuidados Intensivos lo primero que deberíamos saber es qué es un “paciente crítico”. Pues bien, de forma sencilla podríamos definirlo como aquel paciente que necesita estar ingresado de urgencia en un hospital debido a una enfermedad que amenaza gravemente su vida y que, además, necesita de unos cuidados específicos y de unos procedimientos y tecnología que únicamente se encuentra en estas unidades especializadas. Por eso, la saturación de estas unidades tan vitales estos días ha producido un colapso, porque si no hay plazas disponibles la diferencia entre sobrevivir y morir es una auténtica lotería. Porque, aunque la gente no lo entienda, las pocas camas UCI que hay son la última esperanza que nos ata a la vida y, lógicamente, no hay camas para todos.

Nueva familia

En estas unidades los pacientes además no pueden estar acompañados de familiares, en estas salas sólo puede haber personal especializado para este tipo de pacientes, un enfermero, un médico y un auxiliar, personal que se dedicará exclusivamente y 24 horas a estos pacientes. Su nueva familia. El médico responsable de las Unidades de Cuidados Intensivos habitualmente es un especialista en medicina intensiva o intensivista, sin embargo, dada la particularidad de la especialidad de anestesiología, muchas unidades del territorio español son dirigidas por anestesiólogos que son a la vez especialistas en reanimación (en este caso se suelen denominar unidades de reanimación o REA). No es por supuesto ningún tipo de intrusismo, se trata de dos especialidades que pueden trabajar codo con codo, sinérgicas y complementarias.

En estas unidades en la mayoría de ocasiones es necesario conectar a los pacientes a máquinas debido a la gravedad de sus estados (los famosos respiradores), aunque normalmente sólo se utilizan en aquellos pacientes que presentan una insuficiencia respiratoria debido a una neumonía u otra patología, como en el caso del covid-19. Los pulmones normalmente son el órgano encargado de recibir el oxígeno y transportarlo a la sangre para que se puedan alimentar las células de nuestro organismo. Las neumonías son consolidaciones producidas por infecciones bacterianas o víricas que impiden que el oxígeno pase al resto del organismo produciendo una insuficiencia respiratoria. En consecuencia, si no se resuelve pronto puede llegar a producir la muerte. Por esto es necesario conectar a un respirador a aquellos pacientes que la presentan para administrar oxígeno extra. La única forma que existe de conectar el paciente a un respirador es introduciendo un tubo desde la boca hasta la tráquea para poder administrar el oxígeno directamente a los pulmones (intubación traqueal). Y es en este punto donde empiezan las soluciones, pero también los problemas.

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Empiezan las soluciones porque el oxígeno en sangre comienza a fluir y eso provoca una mejoría progresiva del paciente. Por supuesto esta es una solución buena siempre y cuando se haga durante una corta duración. A la larga, los medios que son beneficiosos se acaban convirtiendo poco a poco en perjudiciales. Tener un tubo conectado desde la boca hasta la tráquea implica tener que administrar sedantes y relajantes musculares para evitar que se mueva o que intente arrancarse el tubo, medicamentos que a la larga no resultan tan beneficiosos para el paciente. En el mejor de los casos la situación de insuficiencia respiratoria debería resolverse en 2-3 días y el paciente podría volver a respirar de forma independiente. Pero si no es así, si se prolongase esa insuficiencia durante mucho tiempo, los fármacos que utilizamos para que el paciente se encuentre más cómodo y relajado van a producir una pérdida de fuerza y de masa muscular (debido a la inmovilidad) que costará mucho trabajo recuperar.

Aprender a respirar

Incluso en los peores casos, hay pacientes que con todas estas medidas de soporte que pueden volver a respirar por sí solos. Sin embargo, en esa dura batalla en la UCI contra la enfermedad, el paciente no recordará nada, habrá perdido la noción del tiempo, habrá sido como un suspiro, como unos segundos desde que le intubaron hasta que volvió a respirar por sí mismo. Quizás hayan pasado días, incluso semanas, pero ese tiempo en su mente nunca ha existido. Muy posiblemente no serán conscientes de lo que ha pasado, han ganado esa dura batalla dormidos, su cuerpo y su mente han luchado hasta el final sin ser conscientes de la gesta. Sin embargo, físicamente, les queda un largo camino por recorrer. Meses por delante de recuperación de fuerza, de masa muscular, de volver a aprender a respirar como lo hacían antes de esta dura experiencia. ¿Es justo que un médico deba decidir qué paciente tiene que ocupar una cama UCI y qué otro debe esperar, aún a riesgo de fallecer?

No es justo, ni medicamente ni humanamente. Los médicos trabajamos para salvar vidas, no para condenar a nuestros pacientes a un sufrimiento adicional o a una muerte segura. Llevamos muchos años denunciando a las administraciones la falta de medios técnicos y humanos. Esa falta de medios acumulada durante largos años es lo que se ha visto durante esta pandemia, un sistema empobrecido y raquítico, luchando contra un gigante imparable. La administración nos ha situado en una condición de verdugos, en una situación humanamente insoportable, en la situación de tener que decidir qué persona es prescindible, personas con nombres y apellidos, con familias, con amigos, con una historia. Ese golpe a nuestras conciencias es incurable, porque para nosotros nuestros pacientes son personas, no son números, no son votos.

Sistema sanitario desgastado

¿Por qué escribimos estas líneas ahora, justo ahora que todo parece haber pasado? Escribimos esto para recordar que esto no ha acabado, nada más lejos de la realidad. Escribimos estas líneas para recordar que hemos sobrevivido a la primera embestida de este virus; para recordar que con todos los recursos que teníamos hemos conseguido frenarlo, con toda la gente encerrada en sus casas hemos conseguido combatirlo, pero nuestro sistema sanitario desgastado y agotado no está preparado para otra situación semejante.

El ser humano tiene una gran facilidad para olvidar las situaciones negativas, la capacidad de sobreponerse a hechos traumáticos, pero en esta situación se está demostrando un gran egoísmo hacia las personas que han fallecido y sus familiares; hacia las personas que hemos estado luchando por mantener a la gente con vida y a las que han trabajado para que los ciudadanos tengan sus neveras llenas en la tranquilidad de sus hogares. El ser humano es el único animal capaz de tropezar mil veces en la misma piedra, que es capaz de anteponer su bienestar a su salud y que sólo reacciona realmente si su vida está en peligro. Lo que se está pidiendo a la población son pequeños sacrificios personales, pequeños gestos temporales que ayuden a contener a este monstruo. Si no somos capaces de hacerlo, lo que hemos vivido estos meses va a resultar algo anecdótico en comparación con lo que puede estar por venir.

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