Con la llegada de las bajas temperaturas, es muy común escuchar en nuestras consultas una frase recurrente: «Doctor, sé que va a llover o que va a refrescar porque me duelen más las articulaciones». No es una sugestión; existe una base fisiológica que explica por qué el invierno puede ser una época desafiante para quienes conviven con el dolor crónico.
En este artículo, te explicamos por qué ocurre este fenómeno y te ofrecemos pautas prácticas para que el frío no detenga tu calidad de vida.
¿Por qué el frío intensifica el dolor?
El cuerpo humano reacciona ante el descenso de la temperatura mediante varios mecanismos que pueden exacerbar patologías previas:
Presión atmosférica: cuando el tiempo cambia, la presión barométrica suele bajar. Esto puede causar que los tejidos (tendones, músculos y tejido cicatricial) se expandan ligeramente, provocando presión en las articulaciones ya sensibles.
Viscosidad del líquido sinovial: el líquido que lubrica nuestras articulaciones se vuelve más denso con el frío, lo que aumenta la rigidez y la fricción articular.
Vasoconstricción: para conservar el calor, el cuerpo reduce el flujo sanguíneo a las extremidades. Esto puede provocar una mayor rigidez muscular y sensibilidad en terminaciones nerviosas.
Umbral del dolor: el frío extremo y la falta de luz solar (que afecta al estado de ánimo y a los niveles de vitamina D) pueden disminuir nuestra tolerancia biológica al dolor.
Consejos prácticos para protegerte este invierno
Para minimizar el impacto del invierno en tu salud, desde la Unidad del Dolor Valencia te recomendamos seguir estas pautas:
1. Aplica calor de forma inteligente
No esperes a que el dolor sea intenso. Utiliza mantas eléctricas, bolsas de agua o baños de agua tibia para mantener la temperatura corporal. El calor ayuda a relajar los músculos y mejora la elasticidad de los tejidos.
2. El método «cebolla» (capas térmicas)
Es más efectivo vestir varias capas finas que una sola muy gruesa. Las capas atrapan el aire caliente entre ellas, funcionando como un aislante natural. Prioriza mantener calientes las extremidades (manos y pies) y las articulaciones más castigadas.
3. Mantente en movimiento (en interiores)
El sedentarismo es el mejor aliado de la rigidez. Si el frío te impide caminar por la calle, realiza ejercicios de movilidad suave, yoga o estiramientos en casa. Mantener la circulación activa es vital para «engrasar» las articulaciones.
4. Cuida tu alimentación y suplementación
Vitamina D: en invierno recibimos menos sol. Consulta con tu médico la necesidad de suplementar esta vitamina, clave para la salud ósea.
Antiinflamatorios naturales: incorpora alimentos ricos en Omega-3 (pescado azul, nueces) y especias como la cúrcuma, que ayudan a modular la inflamación.
Cuándo acudir a la Unidad del Dolor
Si a pesar de estos cuidados el dolor te impide realizar tus actividades diarias o si notas que la intensidad ha subido de escala, es momento de una valoración profesional.
En UDO Valencia, no solo tratamos el síntoma, sino que buscamos la causa mediante técnicas intervencionistas avanzadas (como la radiofrecuencia o bloqueos específicos) que pueden ayudarte a pasar un invierno mucho más confortable.
Recuerda: El dolor es una señal, no una condición con la que debas resignarte a vivir.


