Es un patrón habitual: aparece una molestia al hacer ejercicio, descansas unos días, mejora, retomas la actividad y el dolor vuelve a aparecer en el mismo punto. Incluso con reposo y fisioterapia, muchas tendinitis no terminan de curarse y se mantienen semana tras semana. Entender qué ocurre realmente en el tendón es el primer paso para romper ese ciclo, especialmente si corres, juegas al pádel, nadas o entrenas en el gimnasio con cierta regularidad.
Qué es una tendinitis y por qué se cronifica
Los tendones conectan los músculos a los huesos y absorben gran parte de la carga en cada gesto deportivo. Cuando reciben más esfuerzo del que pueden tolerar, se dañan: aparece dolor y se pierde rendimiento.
El nombre «tendinitis» (con el sufijo «-itis», de inflamación) sugiere que el problema es solo eso, inflamación, y que basta con dejarlo descansar. Pero cuando el dolor se prolonga durante meses, lo que suele haber no es inflamación activa, sino un tendón que no ha completado su reparación y ha perdido parte de su capacidad para soportar carga.
Por eso cada vez más especialistas usan el término tendinopatía en vez de tendinitis. No es un simple matiz de vocabulario: cambia el enfoque del tratamiento. El reposo y los antiinflamatorios pueden aliviar el dolor al principio, pero no devuelven al tendón su capacidad de carga, y es justo eso lo que hace falta para resolver el problema de fondo.
Hay varios motivos por los que una tendinitis no termina de curar:
- Se vuelve a cargar demasiado pronto, o de golpe, antes de que el tendón esté preparado.
- Se descansa demasiado, y el tendón pierde todavía más tolerancia al esfuerzo.
- El diagnóstico no es completo y el dolor procede, en parte, de otra estructura cercana.
- El dolor se mantiene en el tiempo y el sistema nervioso se vuelve más sensible, de forma que el tendón duele más de lo que corresponde a su estado real.
Sea cual sea el motivo, el denominador común es que la reparación de un tendón es lenta: la recuperación se mide en meses, no en semanas, y esperar una mejora en pocos días suele llevar a abandonar el tratamiento demasiado pronto.
Si el dolor lleva semanas sin mejorar, puedes solicitar tu cita con nuestro equipo de especialistas. Valoraremos tu caso de forma personalizada y te explicaremos las opciones de tratamiento más adecuadas.
Qué es una tendinitis en el hombro
El hombro es una de las zonas donde más aparecen este tipo de lesiones en deportistas, sobre todo en deportes que conllevan gestos por encima de la cabeza: pádel, tenis, natación, vóley o entrenamiento de fuerza.
La tendinitis suele afectar a los tendones del manguito rotador, el grupo de músculos que estabiliza la articulación. Es habitual sentir dolor al levantar el brazo, al lanzar o al golpear, y también por la noche al apoyarse sobre ese lado. Cuando se cronifica, puede limitar tanto la práctica deportiva como actividades cotidianas que requieren elevar el brazo.
Epicondilitis: el codo de tenista (y de pádel)
La epicondilitis es una tendinopatía de los tendones que se insertan en la parte externa del codo. Se conoce como «codo de tenista», pero hoy es muy frecuente en jugadores de pádel.
Duele en la cara externa del codo al golpear de revés, al agarrar la pala o al girar la muñeca. Con el tiempo, el dolor aparece también en gestos cotidianos, como coger una botella o abrir una puerta o un bote.
Trocanteritis: cuando la tendinitis está en la cadera
La trocanteritis es el dolor en la parte externa de la cadera, en la zona del trocánter mayor del fémur. En muchos casos se relaciona con una tendinopatía de los glúteos, por lo que también se conoce como síndrome de dolor trocantéreo.
Es frecuente en corredores y en personas que aumentan de forma brusca su actividad. El dolor suele empeorar al tumbarse sobre ese lado, al subir escaleras o tras estar mucho tiempo de pie, y a menudo se confunde con un problema de la propia articulación de la cadera o de la zona lumbar.
Tendinopatía del tendón de Aquiles
Es una de las lesiones más frecuentes en corredores. Duele en la parte posterior del tobillo, sobre todo al empezar a correr y al levantarse por la mañana. Cuando se cronifica, puede limitar incluso caminar con normalidad.
La capacidad aeróbica mejora relativamente rápido con el entrenamiento, pero los tendones se adaptan más despacio. Por eso, sobre todo entre los 40 y los 50 años, conviene aumentar la carga de forma progresiva para reducir el riesgo de este tipo de lesión.
Cómo se trata una tendinitis que no mejora
La base del tratamiento es el ejercicio de carga progresiva, pautado y supervisado por un profesional. El objetivo es que el tendón recupere poco a poco su capacidad para soportar esfuerzo.
La pauta concreta depende de cada lesión, y en algunos casos puede ser aceptable cierta molestia leve durante los ejercicios, siempre que esté controlada y que el profesional que supervisa el plan lo haya indicado.
Sin embargo, a veces la recuperación se estanca aunque el plan esté bien planteado. Cuando la rehabilitación no avanza al ritmo esperado, suele faltar un eslabón concreto en el proceso, y es ahí donde una unidad del dolor puede marcar la diferencia de tres maneras:
- Afinar el diagnóstico. La exploración y la ecografía permiten ver con precisión el estado del tendón, identificar si hay otras estructuras implicadas y descartar que el dolor tenga un origen distinto al que se había asumido inicialmente. En algunos casos puede realizarse una infiltración guiada por ecografía, con anestésico local y, en determinadas situaciones, corticoide: si el dolor cede de forma temporal, se confirma la zona responsable.
- Favorecer la recuperación del tendón para que la rehabilitación avance. En muchos casos se plantea un tratamiento con plasma rico en plaquetas (PRP), que busca estimular la reparación del tendón y no solo aliviar el síntoma, para poder retomar el trabajo activo. Su función es facilitar la rehabilitación, no sustituirla: sin un programa de ejercicio adecuado, el problema tiende a volver.
- Coordinar a los profesionales implicados. Traumatólogo, fisioterapeuta, rehabilitador y unidad del dolor deben trabajar con la misma información.
Cuándo consultar con un especialista en dolor
Cuando ya se ha ajustado el entrenamiento y se ha seguido un plan de rehabilitación con un fisioterapeuta o rehabilitador, pero la recuperación no llega a completarse, conviene una valoración especializada. Estas son las señales más habituales:
- El dolor persiste o mejora solo parcialmente tras varias semanas de rehabilitación.
- Reaparece de forma recurrente al recuperar la intensidad habitual del entrenamiento.
- Se manifiesta también en reposo o durante la noche.
- Es necesario recurrir a analgésicos o antiinflamatorios para poder entrenar.
Si reconoces alguna de estas señales, no significa que la tendinitis no tenga solución, sino que conviene revisar el enfoque. Solicita tu consulta con el equipo de especialistas en dolor de UDO, que podrá valorar tu caso, identificar qué está frenando la mejoría y proponer los siguientes pasos para avanzar en tu recuperación.


